Me encontraba sentada en aquella incómoda silla desde hacía más de cuatro horas seguidas, en las cuales, las personas a mi alrededor no dejaban de parlotear a todo pulmón.
Me removí en mi asiento intentando con todas mis fuerzas no caer dormida en aquel juicio, escuchaba la voz del abogado público de Arthur Jerome, al otro lado de la estancia, los jueces y el jurado escuchaban atentamente sus argumentos, mientras mi padre se mantenía en su lugar cabizbajo, sin absolutamente nada por decir.
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