Los observé marcharse desde el marco de la puerta de la casa, Jack se había ido de piloto, mientras mi madre en la parte de atrás del viejo auto, le daba caricias a un inconsciente Ryan.
No supe cuánto tiempo me quedé allí de pie mirando hacia la nada, pero cuando regresé al interior, los chicos se encontraban sentados en el comedor, con sus rostros teñidos por el desconsuelo.
Me senté en una de las tantas sillas libres para mantener aquella charla en la que habíamos quedado minutos atrás, don