Cuando me dieron de alta con una brillante sonrisa, vagué por las calles de Atlanta y sin percatarme de mi andar, terminé de pie en la acera, esa donde me había llamado por última vez.
Allí donde había visto sus ojos mirarme con tal miedo de perderme, que no se detuvo en segundo en pensar cuánto sufriría yo estando de este lado del cruel universo.
Sin darme cuenta, terminé acurrucada abrazándome el cuerpo, mientras lloraba desconsolada. Las calles estaban desoladas y el cielo nublado a esas al