Nos quedamos en silencio sin saber muy bien que era lo mejor para decir tras semejante confesión, pero ningún comentario salía de nuestros labios, ambos estábamos pasmados.
Victoria, cabizbaja, acomodó un mechón de su cabello rubio tras su oreja, limpió el camino de lágrimas en sus rosáceas mejillas con sus manos temblorosas, mientras Jack simplemente se quedaba allí sin vida, con su mundo totalmente destruido a sus pies.
Se veía en su mirada lo miserable que se sentía por dentro, intentaba pe