Al día siguiente, cuando abrí mis ojos con lo primero que me topé fue con el plácido rostro adormilado de Jack a centímetros del mío.
Sonreí como una tonta, mientras le plantaba un suave beso en la mejilla, evitando despertarlo con mi contacto.
Busqué en el suelo mi ropa al ponerme en pie, pero a duras penas logré encontrar mi ropa interior, me estire perezosa por la estancia y hallé en el armario una camisa que me quedó bastante grande, sin embargo, era cómoda; prefería eso a andar semidesnu