La pelirroja, Beltaine, se encontraba en el umbral de su hogar, cuando la realidad se torció ante sus ojos. Una niña, Seraphina, emergió de la nada, como un fantasma que decide hacerse visible solo a voluntad propia. Con la gracia de un felino, saltó hacia Beltaine y se acomodó en su regazo, sus mejillas aún vibrantes por la emoción del momento.
—¡Melissa! ¡Contempla esta criatura de llamas en su cabello!
—¿Qué? ¿Qué está pasando?—Beltaine retrocedió, desequilibrada por la súbita aparición y el