—Guau —dijo el enemigo, aplaudiendo lentamente tres veces, cada palmada resonando como un eco inquietante en la noche—. Parece que aún no has perdido tus habilidades, Seraphina.
Sus palabras estaban cargadas de una mezcla de admiración y sarcasmo. La luna iluminaba su figura, proyectando sombras largas y siniestras que bailaban a su alrededor. Sus ojos, fríos y calculadores, brillaban con una intensidad perturbadora mientras volvía a levantar ambas manos, preparándose para continuar el ataque.