Capítulo 7
Al regresar a casa, observé a la elegante gatita blanca desordenando todo el lugar, mientras lamentaba en silencio mis nuevas cortinas.

Pero no podía hacer nada al respecto.

La casa era un caos, y no podía quedarme más tiempo.

Revisé mi teléfono y, como era de esperarse, nadie prestó atención a mi declaración.

Los insultos seguían inundando mi bandeja de mensajes.

Ni siquiera la carta de mi abogado logró detener este espectáculo ridículo.

Es hora de una estrategia precisa y directa.
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