Después de que entraron, me quedé mirando a mi alrededor en la puerta, esperando a esa mujer que, vendría a reclamarme. Pero nunca apareció.
¿Será que su novia se molestó y lo dejó?
Leo llegó sin molestarse en secarse el cabello, acompañado de su pequeña y obediente gata, como si viniera a pedirme explicaciones.
—¿Qué haces todavía en la puerta?
Los dos, él y la gatita, se instalaron en el sofá como si estuvieran en su propia casa. La pequeña gata me observaba con esos grandes ojos brillantes,