En el ducado del Norte, Adolf se encontraba en su despacho reprendiendo violentamente a sus soldados, mientras era observado en silencio por Damien y Thomas.
—¿Acaso son unos idiotas o están ciegos? —gritó mientras arrojaba uno de sus artilugios que tenía en el escritorio—. ¿Por qué no fueron capaces de prevenir que Ashal escaparía fácilmente de este palacio? ¿De qué sirve que les pague, si fracasaron en el único trabajo que debían hacer? ¡Solo tenían que vigilar que el maldito emperador no sal