Sumamente confundido, Ashal se incorporó lentamente para intentar recordar el sueño que había tenido.
—Acaso eso fue… ¿Una visión?
Mientras analizaba las palabras que Adeline había pronunciado en ese extraño sueño, Gérard entró a la habitación y, al ver a su amigo despierto, se acercó presuroso.
—¡Ashal! ¡Al fin despertaste! —exclamó entre lágrimas.
Cuando su amigo lo abrazó, Ashal se apartó rápidamente, incómodo por el afectuoso gesto.
—¡Oye! ¡Quítate que me asfixias!
—¡Ey! ¿Por qué eres