Cuando la voz de Ashal retumbó en la habitación, Marion se levantó rápidamente. En tanto, Adeline sonrió entusiasmada al ver que su esposo había llegado, y sin importar el aura agresiva de su marido, se acercó.
—¡Ashal! ¡Al fin viniste! Llevo rato esperándote —exclamó, risueña.
El alegre recibimiento bajó un poco los ánimos del emperador, que respondió aturdido.
—¡Oh! Sí, pero… —en ese momento le lanzó una mirada fría a Marion y volvió a preguntar—. ¿Qué estaban haciendo aquí?
El comandante