Poco después, ambos aparecieron frente a ellas con una sonrisa de oreja a oreja grabada en sus rostros. Era más que evidente que no habían aceptado simplemente la videollamada, sino que habían activado el holograma que les permitía ver a su hija sentada frente a ellos, mientras ellos tomaban forma ante Amy.
—Papá. Mamá —saludó con una amplia sonrisa, acomodándose junto a su amiga para que el proyector pudiese tomarlas a ambas.
—¡Hey! ¿Cómo estás, Nan? —preguntó Denise con cariño.
—Muy bien, Den