Debajo de su almohada, el teléfono de Amy sonaba y vibraba sin parar, mas ella lo último que quería era abrir los ojos y ver quién demonios la llamaba a esas horas de la mañana. No obstante, cuando el sonido y la vibración comenzaron a tornarse irritantes, por mucho que los ignorara, no le quedó más remedio que tomarlo y abrir un ojo para comprobar de quien se trataba.
—Oh, por Dios —exclamó, incorporándose en la cama y dándole a la opción de rechazar llamada, tras lo cual, inmediatamente, le e