95. CONTINUACIÓN
Elvira se sentó en el sofá, abrumada por la información que estaba recibiendo. No sabía en quién confiar ni qué hacer para proteger a su hijo. Ahora mismo sentía que le había traído una desgracia a la vida de César y era algo que no se perdonaba.
—No sé cuáles son sus verdaderas intenciones, señora Elvira —siguió hablando Fenicio adivinando lo que ella estaba pensando—. Pero algo no encaja en toda esta situación. Desde el principio, tuve mis sospechas sobre Teresa. Parecía demasiado interesada