233. CONTINUACIÓN
Lady Sabina miró a su hijo con rabia y admiración al mismo tiempo, reconociendo su maldad y determinación. Sabía que había criado a un monstruo capaz de cometer atrocidades sin pestañear. Pero de a poco se daba cuenta que debía cuidarse ella misma de él.
—Así me gusta, querido —dijo con una sonrisa fría—. No permitas que nada ni nadie se interponga en nuestro camino hacia la fortuna de los Cavendish. Si es necesario, elimina cualquier obstáculo que se atreva a desafiarnos.
El joven Lord asin