227. LA GOBERNANTA
César le echó una última mirada a su pequeño y salió, pero se detuvo, giró sobre sus pasos y se dirigió a la habitación de Fenicio. En el pasillo, se encontró con la señora Azucena, quien llevaba un vaso de leche en la mano.
—Hola, señor César. ¿Javi sigue despierto?— preguntó al encontrarse cara a cara. —Le traje un vasito de leche caliente para que pueda conciliar el sueño. Ha estado llorando mucho últimamente.
César la miró sin entender. La gobernanta le había asegurado que el niño había