Catalina Abrego
Al final no me quedo más remedio que dejarme llevar por la corriente, una vez que fui superada por la mayoría mi negativa no valía de nada.
¿Cómo llevarles la contraria?, se trataba de una contra once chicas.
Luces, música estridente, bebidas y comida nos rodeaban, adonde dirigiéramos nuestra mirada en una discoteca muy popular de la ciudad. Que ni recuerdo el nombre, porque ni tuve tiempo de prestar atencion. Ya mis locas amigas me arrastraron sin darme ninguna oportunidad d