Mariana Carbajal
Denn mantiene su silencio unos segundos más, y ese breve espacio se siente eterno. La inquietud empieza a apretarme el pecho, creciendo sin permiso.
—Denn… —insisto con suavidad, entrelazando mis dedos con los suyos—. Dímelo.
Él no responde de inmediato. En cambio, me atrae hacia su pecho, envolviéndome con esa firmeza que siempre logra calmarme… aunque esta vez no del todo.
—Mi amor, deja de preocuparte —murmura contra mi cabello—. Resolveremos lo que venga, Mariana.
Quiero cr