Mariana Carbajal
—Dímelo, Mariana… —susurra, y su aliento mentolado envuelve mis sentidos.
Cierro los ojos un instante.
Tenerlo tan cerca debería ser un error… debería apartarme, exigirle que se vaya, recordarle que en unos días seré la esposa de otro hombre.
Pero mi cuerpo no obedece.
Su abrazo alrededor de mi cintura se siente demasiado familiar, demasiado correcto… como si ese fuera el lugar donde siempre debí estar.
Abro los ojos y vuelvo a mirar el espejo.
El vestido blanco.
El velo sobre