Antonella sentía que apenas se había quedado dormida cuando la sacudieron de los hombros y la llamaron por su nombre. La voz le pareció un sonido lejano, y se sintió tentada a ignorar a quien sea que la llamara. Sin embargo, la persona era bastante insistente.
—¿Laura? —preguntó, confundida, al abrir los ojos y encontrarse cara a cara con su guardaespaldas.
—Debemos salir de aquí cuanto antes —dijo ella.
—¿Qué? —preguntó Antonella, aún medio dormida.
—Ahora —repitió Laura, con una nota de apremi