Leo acarició suavemente el rostro de Antonella mientras la observaba dormir. Después de haber sido sacada de su departamento en medio de la noche, estaba agotada y había caído rendida en cuanto se recostó en la cama. Él, por otro lado, no podía conciliar el sueño. No era que no estuviera cansado, lo estaba, pero su mente estaba llena de pensamientos que lo mantenían despierto.
Antonella parecía un ángel mientras dormía, y Leo se preguntó si realmente la merecía. Ella le había dicho que lo consi