Antonella miró su celular. Lo había apagado y dejado sobre el velador para no ceder a la tentación de llamar a Leo. Durante todo el día, su teléfono no había dejado de sonar con mensajes de Leo, diciéndole cuánto la extrañaba y cuánto deseaba hablar con ella. No había respondido a ninguno de ellos.
Sienna entró a la habitación y Antonella alejó la mirada del aparato.
—Estoy lista para comenzar.
—¿Vas a mudarte a algún lugar? —preguntó al verla cargar una bolsa que parecía que podía explotar en