Leo miró la pantalla de su computadora, sus ojos fijos en Fi, quien se encontraba del otro lado de la video-llamada.
—¿Aún no tienen nada sobre ella? —preguntó, con la voz cargada de tensión. La frustración hervía en su interior con el nulo avance en la búsqueda de información sobre quién demonios era Annalise.
Fi negó con la cabeza.
—Lo siento, no.
Leo frunció el ceño, tratando de contener su impaciencia.
—¿Cómo es eso posible?
—Me gustaría tener una respuesta para ti. Pero no sé cómo logró oc