Antonella levantó la mirada, con el corazón acelerado, al escuchar la campanilla de la puerta, pero se tranquilizó al ver que no era Leo. La última hora había sido un vaivén de emociones. Cada vez que alguien cruzaba la puerta, esperaba que se tratara de Leo. Aunque Leo le había indicado que llegaría a la hora de cierre y para eso faltaba mucho. Sin embargo, no podía evitar el nerviosismo y el anhelo que la invadía, con cada minuto que pasaba. Sacudió esos pensamientos y mantuvo una sonrisa pro