Leo tomó un sorbo de su agua, mientras esperaba que Antonella terminara de comer. Le había prometido contarle todo sobre Annalise cuando terminaran de cenar. Sabía que, en cuanto comenzara a hablar, Antonella se perdería en un torbellino de suposiciones y no podría continuar comiendo.
—Listo —anunció Antonella colocando los cubiertos en su plato antes de alejarlo—. ¿Comenzarás a hablar ahora?
Leo no pudo evitar sonreír. Era como una pequeña niña curiosa e impaciente.
—La primera vez que Annalis