Ashary se dejó caer contra ya no sabía qué número de libreto, apoyando la espalda en este y abriendo con cuidado uno de los libros que había escogido. Lyon, que volvía de dejar sobre la mesa el último bulto de libros sumando con ese 7, se sentó a su lado soltando un respiro. Estaba agotado. Ashary se había dedicado a recorrer varios libreros y tenía contenido para leer para al menos varios meses. Y a él lo había agarrado de cargador. Al menos de todo eso, había encontrado un libro que le había