Vicente Santoro.
Comencé a besar su hombro, provocándome la piel de gallina.
''No tienes idea de cuánto estoy guardando aquí, mi tesoro. '' Le hablé al oído.
Sentí que suspiró profundamente.
Oh, qué delicado.
Sostengo sus pechos, excitándola.
''Me muero por poner esas tetas calientes en mi boca.
'' ¡V-Vincenzo! '' Gimió tan astutamente que mi polla se puso más dura.
Moví mi mano izquierda hacia su hermoso coño.
''Abre las piernas, mi amor. '' Pregunto mientras masajeo tu delicioso pecho.
Gemió