—¿Mamá?
Me llamó con duda en la voz.
No pude hablar, pero entre lágrimas asentí con la cabeza.
De repente, se derrumbó, perdiendo el control de sus emociones:
—Mamá, ¿quién te hizo esto?
Su voz temblaba, como la de un niño indefenso.
De pronto, su cuerpo se tensó, dándose cuenta tardíamente de que la amante de la que hablaba Isabella era yo.
Pero rápidamente recuperó la compostura, tomó el equipo quirúrgico y dijo:
—Mamá, no te preocupes, todo estará bien. Yo de veras te salvaré.