Alejandro, lleno de ira, finalmente no pudo contenerse más.
Con una sola mirada, los dos vigilantes entendieron de inmediato y sujetaron a Isabella por las manos, inmovilizándola.
El rostro de Alejandro estaba sombrío:
—Te lo pregunto por última vez, ¿dónde está mi hermano?
—Está muerto.
Otra cachetada, esta vez tan fuerte que hizo que Isabella escupiera sangre.
Isabella respondió:
—Alejandro, no eres un hombre. Tienes 30 años, ese niño tiene al menos 7, ¿cómo va a ser tu hermano?