Denise bajó las escaleras con el bolso del portátil colgado del hombro y el móvil en una mano, concentrándose en cada paso que daba, para evitar caerse. Su cuerpo se encontraba exhausto, sin embargo, no podía continuar en la cama. No cuando su mente estaba despabilada como si, en lugar de ser las siete de la mañana, fueran las doce del mediodía. Eso de viajar tanto en tan poco tiempo no era para ella. No entendía cómo hacían las personas que, por cuestiones de trabajo o gusto personal —como en