La cirugía duró un día y una noche. La condición de María se estabilizó temporalmente, pero la posibilidad de que despertara aún era incierta. Los médicos no tenían una expresión muy alentadora; cuando les pregunté sobre sus probabilidades de recuperación, simplemente negaron con la cabeza.
Mi tobillo estaba hinchado y morado. El asistente, al verme, no pudo evitar sugerir: —Señorita, ¿por qué no la llevo a que le hagan una radiografía en traumatología?
Bajé la mirada hacia mi pie, pero ya no