Carlos puso su brazo sobre mi hombro y me atrajo hacia él, como si estuviera marcando territorio.
Cuanto más intentaba apartarme, más fuerte me sujetaba. De repente, Luis interpuso su pierna entre nosotros, obligándolo a soltarme. Luis retiró su pierna, pero en ese breve instante su expresión cambió por completo. Se veía mucho más frío y decidido, muy diferente de la altivez de Carlos: uno irradiaba el peso de una autoridad constante; el otro, la rectitud de la justicia.
Luis se desabrochó la