Sacudí la cabeza y, al mirarme en sus ojos, vi el reflejo de una mujer con los ojos vacíos y perdida en sus pensamientos. Intenté controlar mi expresión, de lo contrario, seguro me llamaría fea en su próxima frase.
—He esperado cuatro años a que vinieras a trabajar a mi despacho, y sigues faltando al trabajo.
—Tu primer sueldo ya lo desconté todo. Así que aunque trabajes, será en vano.
Su mirada despectiva me hizo sentir una profunda vergüenza.
Me alejé de él, frotándome la mano donde me hab