En el hospital, la gente iba y venía. Carlos, con su porte alto y apuesto, y su actitud sobresaliente, llamaba la atención incluso estando cubierto de sangre. Era imposible no atraer las miradas.
Yo siempre había pensado que Carlos era amable conmigo, siempre mostraba buenos modales, especialmente frente a los demás. Pero verlo tratarme así ahora, dejaba en claro que estaba furioso.
Sentía todas esas miradas curiosas sobre mí, y la sensación de haber perdido toda dignidad.
Para mí, la verd