No sabía qué quería decir con eso, lo único que sabía era que no podía dejarme llevar por Carlos, o si no, habría sido un día en vano.
Patricia quería que entráramos a sentarnos, asentí, pero en ese momento Carlos me sostuvo la cabeza.
Al ver eso, Patricia empujó a Antonio, intentando que él ayudara a retenernos, pero Antonio estaba tan rígido que no podía moverse ni un centímetro.
Carlos me giró en su abrazo, me levantó de la cintura como si fuera una niña y, con pasos firmes, se fue.
—Bája