Carlos apenas se había acostado cuando pensé que ya se había quedado dormido, así que no evité llamarle, ya que creí que no me escucharía.
Sin embargo, para mi sorpresa, él estaba fingiendo dormir y escuchó claramente toda la conversación entre Ana y yo.
Cuando colgué, de repente su brazo se extendió hacia mi cintura y me arrastró hacia la cama. Cuando reaccioné, ya estaba acostada en su pecho.
Todavía no se había despertado por completo, con los ojos cerrados, emanaba una sensación de pereza