Fui besada por Carlos hasta casi quedarme sin aliento.
El ambiente en el coche estaba cargado de tensión y deseo.
Sus brazos estaban completamente debajo de mi espalda, levantándome en un ángulo, como si me estuviera entregando de forma deliberada, lo que me hizo sentir una profunda vergüenza.
Apreté con fuerza el asiento de cuero a mi lado, la fina piel ya estaba marcada por mis uñas.
Carlos notó mi incomodidad y besó suavemente mi mejilla.
—¿Un simple beso te hace sentir así? —dijo, con u