El asunto de mi divorcio con Carlos fue un verdadero escándalo.
No por otra cosa, sino porque esa misma noche, tal como él lo había dicho, le ofreció a Carmen un espectáculo de fuegos artificiales que iluminó toda la ciudad, como para que yo viera que iba a darle todo su amor.
Fue mucho más grandioso que nuestra luna de miel.
En la calle, la gente se detenía por doquier para ver el espectáculo, y todos no podían evitar exclamarse: —¡Qué hermoso!
Los medios de comunicación lo cubrieron por co