—¡Olivia!
Los ojos de Sara brillaban con una furia contenida.
—¿De verdad crees que por estar embarazada vas a estar a salvo? —gritó, casi temblando de la rabia.
Sara estaba fuera de sí, dando pequeños saltos de frustración. Sin saber cómo desquitarse, apretó los puños y me lanzó una mirada llena de odio.
—¡Ese hijo no puede ser de mi hermano! ¡Es imposible que estés embarazada!
Levanté la vista hacia ella, fingiendo un gesto de dolor y desilusión.
—¡Sara! —interrumpí, dejando mi voz quebr