Todo parecía volverse surrealista. ¿Carmen realmente pensaba que yo había sido responsable de lo que le pasó?
Con los ojos rojos de lágrimas, me miraba mientras su cuerpo temblaba con cada sollozo. Cada movimiento parecía costarle un esfuerzo enorme, y gotas de sudor frío perlaban su frente.
Lo que le había sucedido era algo que nadie podría aceptar fácilmente.
Podía entender su estado emocional y, con toda la calma que pude reunir, intenté consolarla:
—No fui yo. Dame tiempo y lo investigar