Una voz fría y distante hizo que mi corazón temblara de miedo.
Claro, para Carlos, no había sido más que una simple caída, una exageración de mi parte.
Ana estaba al borde de las lágrimas, gritando desesperada:
—¡Idiota, haz algo! Olivia, ella...
La detuve sujetando su mano con fuerza antes de que pudiera decir algo más. Levanté la mirada hacia Carlos, pero mi garganta estaba tan apretada que no podía emitir un sonido.
En esos breves segundos, mi mente se llenó de pensamientos.
Nadie esper