Nunca pensé que Carlos me diría algo así.
A medida que escuchaba su respiración pausada, poco a poco mi mente se calmaba. Lo que para mí era un asunto de vida o muerte, parecía no afectarle en lo más mínimo.
Todos esos pensamientos que me hacían sentir como si mi cabeza fuera a estallar, esos problemas que deberían ser de los dos, en realidad me estaban consumiendo solo a mí.
Forcé una sonrisa mientras me ponía su chaqueta.
—¿Para qué me buscaste?
Desvié mi mirada hacia la ventana, incapaz