Parece que tengo un vínculo inexplicable con el hospital; en los últimos seis meses he aparecido allí con frecuencia. Cada vez me siento sola, sentada en el banco del pasillo del hospital.
En la profunda quietud de la noche, el sonido de pasos apresurados rompió la calma del hospital.
Lo de Carlos y Sara ya no se podía ocultar de la familia Díaz.
Teresa, al frente, seguida de un grupo de guardaespaldas vestidos de negro, caminó apresuradamente hacia mí.
Si esto hubiera ocurrido antes, no hab