Carlos volvió a acercarse a mí, y lo empujé con una mano.
—Haz lo que quieras.
Me levanté de sus brazos una vez más. —Pero los abogados no pueden ser injustamente acusados. Tengo que ir a buscar a Ana para cenar.
Carlos lamió la mancha de sangre de mis labios, descontento con mi reacción. —¿No puedo acompañarte a cenar?
Asentí. —Renuncio a esa supuesta competitividad tuya; a partir de ahora, dedica todo tu tiempo a estar con Sara, no lo necesito.
Carlos me agarró del brazo, su exp