Por primera vez en la vida, me sentí como si fuera una princesa en un lugar bonito. El atardecer se convirtió en un momento especial, y el día, en el que aún no había comenzado a florecer, se desvaneció. En la habitación, pensé en Lío y en que el vampiro había enviado a sus amigos para cuidar la zona. Los lobos se habían marchado, pero me quedé pensando de reojo en la herida que había sido curada con la sangre de los vampiros. En ese instante, me di cuenta de que Damián no era tan malo como apa