Cuando Lyra cruzó la puerta de la casa, el olor a whisky y tabaco la golpeó de inmediato, Ronan estaba sentado en el sofá de la sala, con las piernas abiertas y la espalda ligeramente encorvada.
La botella de whisky reposaba en su mano derecha, y un cigarro encendido colgaba de sus labios. Sus ojos grises, fríos como acero, se posaron sobre ella sin ninguna emoción aparente. Era una máscara. Lyra lo sabía. Detrás de esa mirada vacía ardía la rabia y el dolor.
—Ronan… —murmuró ella, cerrando