Al quinto día en la manada Nueve, mi lobo ya se había recuperado a la mitad, ya podía transformarse de nuevo.
Mientras Leo me recolectaba piedras de hielo, Vania llegó con su teléfono.
—Alejandro te está buscando por todas partes, incluso ofreciendo 5 millones de piedras lunares por información sobre tu paradero.
—¿Para qué su Luna y su hijo sigan humillándome? —resoplé—. Pues se equivoca, mi lobo se recuperará pronto.
Leo me entregó un vaso de agua glacial en silencio, y limpiando los fra