Al día siguiente, cuando Richard despertó de inmediato fue a la casa de la abuela, y pidió verla, ella lo recibió en su biblioteca, mirándolo fijamente
—Hijo, ¿Está todo bien?
—Sí, abuela, claro que sí, solo he venido porque quería discutir el tema de la herencia.
Marian le miró confusa
—¿Qué sucede con eso, hijo?
—Bueno, supongo que pronto deberás pedir que me sea entregada.
—Sobre eso… —la abuela titubeó y eso causó nervios en Richard—. He estado pensando al respecto.
—¿Pensando? —excla