Apenas amaneció Sarah despertó y no encontró ahí a Fred, se levantó, se bañó, se arregló y salió del camarote, recorriendo las instalaciones del barco, era un lugar tan elegante, como en sus sueños, ella no sabía que podía ser tan perfecto.
Pronto le indicó el mayordomo que atendía su camarote, que había visto a su marido en la piscina de primera clase.
Sarah caminó hasta ahí, se sentía perdida en ese gran lugar, pero al entrar, pudo ver a Fred, sin embargo, al verlo, descubrió que no estaba